Como sucedió con la pesca en las Islas Malvinas, las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur, Argentina continúa quedando excluida del negocio petrolero que se desarrolla en el archipiélago en disputa con el Reino Unido.

Actualmente, las autoridades de las Malvinas, donde empresas israelíes y británicas proyectan extraer crudo a partir de 2028, negocian con una compañía naviera chilena para la provisión de servicios futuros. En Londres ya consideran a las Malvinas como «la próxima Dubai».
La empresa involucrada es Easter Island Naviera, también conocida como Empresa de Navegación Isla de Pascua (EIL) o Easter Island Logistics, dedicada a la logística y el transporte marítimo de todo tipo de carga, vehículos y material peligroso entre el Puerto de Valparaíso e Isla de Pascua.
EIL y las partes involucradas confirmaron que están realizando visitas a las Islas Malvinas y manteniendo negociaciones con la Falkland Islands Development Corporation (FIDC), el organismo de promoción económica del gobierno isleño, para proveer servicios al emergente negocio petrolero. Este proyecto promete ser de gran envergadura y generar ingresos que permitan al archipiélago costear su propia defensa, actualmente financiada por contribuyentes británicos.
A pesar del rechazo argentino, que considera ilegales estas actividades en zonas en disputa, las empresas Navitas Petroleum (israelí) y Rockhopper Corporation (británica) anunciaron la explotación petrolera en la región a partir de 2028.
Ambas compañías trabajan inicialmente sobre el yacimiento Sea Lion, en la cuenca norte de las Malvinas, con una inversión estimada de 1.800 millones de dólares en la primera fase. Se prevé extraer más de 170 millones de barriles, con planes de duplicar esa cifra. El valor bruto total del crudo extraíble podría superar los 10.000 millones de dólares, y se negocia su expansión a otros yacimientos, lo que modificaría la geopolítica regional y avivaría el reclamo argentino.
La dimensión del proyecto llevó al gobierno israelí a planificar la apertura de un consulado honorario en Ushuaia, aunque desde Tel Aviv se distancian del negocio al tratarse de capitales privados.
EIL también avanza en gestiones para establecer una nueva conexión marítima comercial entre Punta Arenas y las Islas Malvinas. El conflicto de soberanía con el Reino Unido se ha entrelazado con diversos actores y temáticas, involucrando a Chile, Donald Trump, Benjamín Netanyahu e incluso a la selección argentina de fútbol, cuyos jugadores exhibieron una bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» tras vencer a Inglaterra en el Mundial de Estados Unidos.
Argentina mantuvo una fuerte presencia comercial en las Malvinas hasta la guerra de 1982, basada en acuerdos de comunicaciones de los años 70, mediante los cuales el Estado argentino brindaba educación, conexión aérea y servicios de salud a los habitantes isleños. Esta relación se interrumpió con el desembarco militar del 2 de abril de 1982.
Desde entonces, la presencia chilena en las islas se consolidó, convirtiéndose en la principal minoría. Los residentes chilenos allí manifiestan una postura pro británica, se integraron a la población local y establecieron estrechos vínculos con la Patagonia chilena, región que también mantiene una significativa relación económica con las islas.
La iniciativa de la naviera chilena se suma a una relación comercial que Chile sostiene desde hace años con las Malvinas, centrada en logística, transporte, provisión de alimentos y otros servicios. La aerolínea LATAM opera el principal corredor aéreo que conecta Santiago, Punta Arenas y la base de Mount Pleasant. La pesquera chilena Emdepes ha trabajado históricamente bajo licencias otorgadas por el gobierno isleño, mientras que firmas como KSB Chile suministran equipamiento industrial para la infraestructura local.
Esta misión forma parte de una estrategia más amplia de acercamiento entre las autoridades británicas de las Malvinas y el sector empresarial chileno. Los isleños, al igual que las autoridades británicas, despliegan una inteligente política de vinculación con chilenos, uruguayos y recientemente brasileños, en detrimento de los reclamos argentinos.
**Protesta argentina**
Recientemente, el paso del buque militar británico HMS Medway por aguas argentinas hacia el Estrecho de Magallanes, jurisdicción chilena, generó una fuerte escalada diplomática. La Cancillería argentina intentó evitar confrontaciones, dado que busca facilitar un viaje de Javier Milei a Londres para eventos de inversión y comercio. Sin embargo, la secretaria del Área Malvinas, Paola Di Chiaro, denunció la informalidad en el aviso británico sobre el tránsito del buque, incumpliendo las normativas vigentes desde la década del 90.
Aunque Di Chiaro y el canciller Pablo Quirno, acompañados por sus asesores militares, evitaron declaraciones contundentes, la presión popular y la demanda de la oposición peronista y del bloque Provincias Unidas llevaron finalmente a presentar una protesta oficial. Londres respondió con una contraprotesta. Paralelamente, se desató la polémica por el despliegue de la bandera con la leyenda «Las Malvinas son Argentinas» por parte de los futbolistas argentinos tras su victoria sobre Inglaterra en el Mundial.
La situación se complejizó aún más tras la denuncia presentada contra el gobierno chileno, dado que marinos de aquel país recibieron al HMS Medway en Punta Arenas y subieron a bordo durante su estadía.
El gobierno argentino muestra reticencia a escalar el
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